El miércoles pasado, nuestro Grupo Misionero volvió de su misión en Tres Isletas, Chaco.
¿De qué trató la Misión 2025?
El grupo se repartió en distintos lugares, en donde realizó distintas obras de servicio y encuentro con la comunidad del lugar:
En Reserva Norte, las mañanas se dedicaron a visitar casas y compartir con las familias, mientras que por las tardes se realizaron actividades con niños, jóvenes y adultos del lugar.
En el Centro Comunitario, la misión fue compartida con el Grupo Misionero de Tres Isletas. Visitaron el Colegio Jesús María, donde realizaron propuestas y dinámicas con los alumnos de primaria y secundaria.
En Vélez, un paraje rural, las chicas recorrieron los alrededores misionando casa por casa, y pudieron llegar a un nuevo barrio: Quinta Roa. Además, las docentes ofrecieron un taller sobre autoestima y el descubrimiento y valor de las propias cualidades.
Rezamos por los frutos de esta misión y agradecemos a Claudina la alegría de todo lo vivido y compartido.
Las vivencias de las chicas
Testimonio de Hele, misionera en Reserva Norte
Este año tuve la oportunidad de volver a Reserva Norte, un lugar que cuesta poner en palabras por todo lo vivido. Lo que lo hace especial son las personas: los chicos con quienes compartís juegos, caminatas, abrazos… y los adultos con quienes también hacés actividades.
Estos días en Chaco me recordaron por qué amo misionar acá: por su gente. Sus sonrisas, miradas y ese amor tan sencillo me llenan el corazón. En cada paso te veo a Vos, Dios, en ellos, que siempre encuentran lo positivo. Me sorprendió descubrir cómo recibía más de lo que daba. Aprendí que la felicidad está en lo simple: en compartir, en el silencio, en solo estar.
El último día, un nene me dijo que su secreto de la felicidad era que “estemos nosotras”. Ahí entendí que todo valía la pena: cada sí que le di a Jesús me trajo a este pedacito de cielo en la tierra. También me llevo los momentos misionando por las casas, rodeada de chicos que se sumaban con ganas a escuchar, rezar y regalar su tiempo.
No me queda más que decir gracias. Al colegio, al Jardín Madre Teresa, al equipo de Ubi, a Kari y sus cocineras, y sobre todo a los chicos, que sin saberlo, transformaron mi corazón.
Testimonio de Justi, misionera en Centro Comunitario
Está bien: Quedé profundamente asombrada por todo lo que viví en Chaco. Desde chicas, el colegio nos brinda la oportunidad de ser parte de la misión a través de juegos, donaciones de útiles, tejidos de cuadraditos, y lo más emocionante es ver a las más grandes llevando todo lo que preparamos con tanto amor.
Conocer este lado de Jesús María me hizo valorar lo único y especial que es nuestro colegio: un lugar lleno de alegría, compañerismo y entrega.
Durante la misión compartimos tiempo con muchos niños que te llenan de vida jugando, conversando y creando cosas juntos. Al principio, siendo mi primera vez, sentí un poco de incomodidad, pero gracias a las acompañantes, todo se volvió más fácil y lindo. Nos recibieron con puertas abiertas y una sonrisa enorme.
Hoy puedo decir que fue una experiencia transformadora que me enseñó a dar y a recibir, y que me hizo sentir aún más orgullosa de pertenecer a esta comunidad. Si en el futuro tuviera la posibilidad de participar nuevamente como exalumna, lo haría sin dudarlo.
Testimonio de Bianca, misionera en Centro Comunitario
El sentimiento de Chaco es inexplicable; es una mezcla de alegría, amor, sueños y sonrisas. La misión es un momento súper importante que muchas de nosotras esperamos desde jardín porque siempre se nos habló ella. Pero misionar no es solo ir al pueblo que te haya tocado y jugar con los nenes y hacer las actividades, sino que también es el detrás de escena de eso: hacer los juegos, proponer ideas, tejer los cuadraditos, unir las mantas.
Al ser mi primera vez misionando, yo tenía un poco de miedo por cómo iba a ser, cómo podía salir, qué iba a hacer yo. Pero una vez que llegás y los ves a los chicos que te esperan con los brazos bien abiertos y una enorme sonrisa pegada al rostro, eso se esfuma por completo. Yo creo que Jesús estuvo presente en las visitas a las casas, algo que me ponía muy nerviosa. Todas esas personas, sus intenciones y sus agradecimientos que nos acompañaron en las oraciones por la tarde. Jesús nos acompañó y estuvo entre nosotras durante esas caminatas bajo el sol y las charlas con las personas que nos recibían. Los chicos del grupo misionero de Tres Isletas fueron súper atentos con nosotras y nos ayudaron muchísimo en las actividades y los juegos. Tal vez sea un poco angustiante cuando algo no sale de acuerdo a tus expectativas. Sin embargo, siempre van a estar tus compañeras de misión para escucharte y acompañarte. Al terminar la misión, me subí al micro con el corazón lleno, con nuevas personas grabadas en mi memoria y experiencias que me encantaría repetir.
Testimonio de Delfi, misionera en Vélez
Que lindo es volver y volver a Chaco, Vélez, donde te reciben con los brazos abiertos, con sonrisas, dibujos y los recuerdos de las vez pasada que fuimos. Es muy emocionante ver como el pueblo se une cada vez más y se ayudan y respetan entre ellos. Ver a Jesús en cada mirada y en cada sonrisa es inexplicable.
Me encantó haber ido a Velez, me enseñó a vivir con lo simple y siempre ser agradecida, a frenar la rutina y agradecer, valorar.
Llevar la Virgen a las casas y que siempre nos abran la puerta, nos cuenten sus historias de vida, y compartan con nosotros, y después finalizar la despedida bendiciendo sus casas fue muy lindo.
Por último, ser la cara del colegio después de tanto tiempo y poder ver en vivo lo que preparamos con mucho esfuerzo desde salita de 2 me lleno de alegría, emoción y orgullo al ver cómo vale la pena. Enseñarle a los chiquitos de Vélez los valores que el colegio nos enseña de la mano de Jesús y María es inexplicable. Ver a todos con los rosarios y que siempre nos pedían uno más para llevarle a alguien de su familia era muy emocionante.
Me voy de Velez muy feliz, agradecida, llena de amor, con muchos dibujitos y recuerdos para siempre.
Testimonio de Trini, misionera en Vélez
De repente llegaba julio, la primera y última misión que podía hacer con el colegio. A pesar de tener algunas dudas, me animé a ir a Chaco. El mismo Chaco del que me hablaron tantas veces de chica. En jardín y primaria, siempre venían las "chicas grandes" a contarnos de este lugar tan especial, con tanta historia. Desde ahí ya me daba una infantil impotencia no poder ir, tener que esperar a ser más grande. Cada año eran más evidentes las ganas y la emoción que me generaba la idea de ir a Chaco. Cuando por fin me tocó ir, me empezó a dar un poquito de miedo, se me formaron miles de dudas e inseguridades: "¿y si no tengo lo que se necesita para ir a Chaco?, ¿si no estoy a la altura de las demás?". Pero había una vocecita, una fuerza que me impulsaba a ir así que me animé igual.
Ya arriba del colectivo el ambiente era totalmente distinto. A pesar de estar con mis compañeras de todos los días, la emoción sacaba algo casi mágico en cada una. Ya no había preocupaciones por las cosas cotidianas ni apuro para encajar en la rutina. Cuando llegué a Vélez y vi la gente que nos esperaba con una sonrisa amplia y ojos llenos de emoción, se me borraron todas las dudas. Para esto vine, para esto me dio el empujoncito la Virgen, para que, cómo ella, me animé a caminar y llevar el amor de Dios.
Iban pasando los días y conocí a muchas personas que ahora llevo en el corazón, pero hay una familia en particular que tocó mi corazón (porque en Chaco es así, volvés mas misionado vos por la gente que lo que misionaste). La familia de Liliana. Ellos viven en una parte más alejada de la escuela dónde nos quedamos, pero igual nos abrieron las puertas de su casa. Nos contaron su historia de vida y como tienen un comedor para los niños que viven cerca de ahí. Cuando nos estábamos por ir, los invitamos a las actividades que organizábamos a la tarde en la escuela, pensando que, al estar tan lejos, no iban a venir.
Pero no hubo mejor sorpresa que a la tarde verlos llegar por la entrada de la escuela, a pesar de no conocer a ninguno de los vecinos. Cuando los vi, me devolvieron una sonrisa que no puedo olvidar y con ese silencio me dijeron que lo que estábamos haciendo valía la pena. Que no era en vano caminar 40 minutos hasta una casa, sino que realmente lo necesitaban. Es más, después de un rato, me dijeron algo que no me esperaba, me dijeron que "no podían creer el lindo ambiente que se estaban perdiendo". Con esa frase me cambiaron todo en la cabeza y corazón. Claro, era por acá. Este era el camino para ver a Jesús, no solo yendo a misa o rezando a la noche, sino también haciendo, caminando, compartiendo un mate y sobretodo prestando la oreja a muchas personas que necesitaban ser escuchadas.
Por todo esto estoy muy agradecida con el grupo misionero, las ex alumnas, que todos los lunes nos esperaban con la mejor de las ondas en los rodajes, y con mis amigas, que me permitieron ser yo misma y vivir todo a flor de piel. Espero ahora que volvimos poder mantener este fuego en el corazón y no dejar que se apague por cosas que no valen la pena. Gracias Vélez por encender mi corazón y enseñarme a vivir simplemente.
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